Olga y el Zorzal

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b_300_260_16777215_00_images_noticias_0noticias_TANGOGARDEL.jpgLa señora Olga Gil, historiadora del tango, cultora incansable de nuestra música popular a través de su participación en entidades tangueras, autora de un libro, nos hace una recordación de Carlos Gardel.
Hoy recordamos a Carlos Gardel en el día de su cumpleaños, en realidad es el 11 de Diciembre, natalicio que, coincidente con el del gran músico Julio De Caro, violinista, director y compositor,

inspiró a Ben Molar a que ese día, 11 de diciembre, fuera designado como el Día Nacional del Tango. Varios años hubo de luchar Ben Molar junto a varias Entidades dedicadas al Tango hasta lograr que se firmara el decreto. 1977 Qué gran homenaje para dos grandes del Tango!!!

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Una curiosidad con respecto a Carlos Gardel. Cuando su nombre aún no había ingresado en el gran mundo de la popularidad, ya la prensa se hacía eco de sus presentaciones, aunque estaban aún referidas a su primera etapa de cantor de temas gauchescos, estilos, cielitos, y su voz había captado la atención de revistas y periódicos de la época, anunciando sus actuaciones.

Como consecuencia de ello, corría el año 1913, Gardel compró un cuaderno de tapas negras, de 48 hojas, rayado, donde pegaría los comentarios periodísticos de sus presentaciones. Le puso el pomposo título de “Crónica de mi gira artística”. Sólo llegó a completar catorce páginas. Luego abandonó el intento. Hubiese tenido que completar álbumes y álbumes para lo que después vendría.

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5 de Noviembre de 1925. Gardel actuaría en el Teatro Goya de Barcelona. Como Carlitos aún no era muy conocido, el periódico La Vanguardia, lo anunció simplemente como “Carlos Gardel”. Dos días más tarde, el mismo periódico anunciaba “… sus tangos, que tantos éxitos están teniendo”. Diez días más tarde una casa de discos, anunciaba en la prensa para promocionar sus discos, asociando su nombre al del gran tenor catalán Miguel Fleta, quien era una suerte de héroe local. ¡Gran elogio!

2 de Octubre de 1928. Se acercaba el debut de Carlitos en el “Florida”, una lujosa boite de París.

Enrique Cadícamo se encontraba en París y aprovechó para ir a saludarlo al camarín antes de la función. Gardel, estaba vestido con sofisticado atuendo de gaucho, así se presentaría por imposiciones empresariales. En cuanto lo vio, Carlitos recordó el primer tango de Cadícamo que le había grabado y comenzó a cantar, informalmente, unas estrofas de “Pompas de Jabón”. Barbieri se apresuró a acompañarlo con leves rasguidos de su guitarra. Cadícamo le agradeció ese halagador recuerdo y volvió a la sala donde ya se presentaría el Morocho.

Su voz nunca igualada, nacida para el Tango, su radiante simpatía y su sonrisa sin par conquistaron los aplausos consagratorios de París.

Pocos días después vuelve Cadícamo a visitarlo en el Hotel Reynita situado en la empinada Rue Lepic. Al entrar a la espaciosa suite que ocupaba, lo ve en el momento de su habitual gimnasia. Sabemos que el gran Carlitos tenía tendencia a la obesidad, pero él se cuidaba muchísimo siguiendo el ritual gimnástico. Le dice a Enrique: “Si yo fuera flaco como vos, comería ravioles todos los días”. Luego, asomándose a la ventana observa a la fascinante París y comenta que la Ville Lumière (La Ciudad Luz), es como una mujer hermosa, difícil de conquistar y, supersticioso, agrega que detrás de él sentía que lo protegía un ángel de la guarda… su “vieja”,

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En otra ocasión, Enrique Cadícamo se aprestaba a volver a Buenos Aires desde aquel lejano París. Estaba a punto de subir al vagón cuando ve venir a Gardel y a Barbieri con sus manos ocupadas con paquetes y sobres. Gardel le entregó un catálogo de la casa Odeón de París donde estaba la nómina de todas las grabaciones que había realizado desde su llegada. Le encargó especialmente que se lo entregara a Razzano, para que “junara la gilada”, qué era lo que había hecho en Paris durante su ausencia de Buenos Aires.

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Increíblemente, “El Carretero” del uruguayo Arturo de Navas, en letra y música, se convirtió en uno de los mayores éxitos de Gardel. La gente lo tarareaba o lo silbaba en todo París, en la calle, aunque los franceses no comprendieran el significado de esos versos, tan simples:

“No hay vida más arrastrada

Que la del pobre carrero,

Con la picana en la mano

Picando al buey delantero.”

1929 –Se encontraba en la sala el presidente de Francia Monsieur Doumerge. Le hace llegar una nota a Monsieur Gradel para que repita EL CARRETERO.

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1928 - En una carta dirigida a su amigo, el Director de la Oficina Parisina del diario “La Nación”, le decía: “La venta de mis discos en París es fantástica. En tres meses se han vendido 70.000 discos; están asustados y no dan abasto.

En la famosa revista La Rampe, en lujosa edición de fin de año, llevará en la tapa mi fotografía en colores”.

Sólo estrellas populares aparecían en cubierta quincenal de La Rampe. (Candilejas)

La reseña de discos de “La Rampe” de enero de 1929, lo describió elogiosamente como “ la asombrosa estrella del Odeón, cuyo triunfo cada noche es indescriptible”

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César Luis Vedani, autor del Tango “Adios Muchachos”, más adelante dejó grabada su experiencia, de cuando se encontraba en Paris en 1929. Vedani fue al camarín del Dancing Florida, donde Gardel, daba los últimos toques a su elegante figura, su smoking, mientras sus “Escobas” Barbieri, Ricardo y Aguilar templaban sus instrumentos. A través de un ventanal podía observarse la sala… demasiado animada, ya que en ese momento actuaba una famosa orquesta de jazz norteamericana, mientras el elegante público arrojaba serpentinas y globos desde los palcos altos. Aún sonaban matracas y gran bullicio cuando Gardel entró al escenario. Al verlo Vedani en el círculo de luz con sus guitarristas, quedó anhelante y temeroso, pensando cómo haría Carlitos para cantar ése su tango “Adiós Muchachos”, en medio de semejante barullo. Increíblemente se apagó el ruido y el público escuchó en un silencio impresionante; al final, la

ovación hizo temblar el teatro. Era el milagro llamado CARLOS GARDEL. A Vedani, él mismo lo confiesa, se le llenaron los ojos de lágrimas….

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Dijo Gardel un día:

"Al tango quisieron ahogarlo en Buenos Aires. Estaba prohibido por haber encontrado asilo prostibulario, pero los ‘niños bien’, que venían a tirar manteca al techo al París de ayer y de anteayer, se vengaron de que en Buenos Aires no les dejasen meter pierna y lo impusieron aquí, para que lo reimportasen después a su cuna. La moda extranjera triunfó del desprecio."

Carlos Gardel

En el mes de Mayo de 1928, encontrándose en París, llegó a la ciudad el equipo de la selección Arg. de Futbol que debía intervenir en las Olimpíadas de Amsterdam. Carlitos brindó su hospitalidad a los jugadores invitándolos a cenar en un lujoso restaurante. Terminó la noche en el Cabaret Palermo, ubicado cerca del Garron en la Rue Fontaine, con una ronda de champagne para todos. Los jugadores asombrados y encantados, aunque éste era uno de los gestos TIPICOS de Gardel.

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Regresa a Buenos Aires el 14 de Junio de 1928 en El Conte Rosso. Desde el buque cablegrafió a ANTONIO SUMAJE, para comprometerlo a que fuera a recibirlo al puerto porque él llevaba un coche y quería que el AVIADOR, así lo llamaba Gardel, se lo condujera. El AVIADOR antes le conducía un coche a caballos y solía esperarlo largas horas frente al Café de los Angelitos, donde Carlitos frecuentemente terminaba sus noches, al finalizar sus actuaciones. El Aviador disfrutaba del privilegio de llevar a su ídolo. Pasaba ahora a ser el chofer permanente de Gardel y manejando, nada menos… que un Graham Paige modelo 1928 que había sido obsequiado al gran cantor por sus admiradores de Barcelona. Pavada de regalito le hicieron los catalanes!

Al día siguiente, ya en Buenos Aires, aparece un comentario en el diario Crítica: “El Mago del Tango volvió lo mismo que se fue, un poco más grueso y un poco más… ¿cómo diríamos? EUROPEIZADO.”

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En la Película “Cuesta Abajo”, Gardel canta el emblemático “Mi Buenos Aires Querido”. Resonante triunfo en Estado Unidos, seguido por algo similar en la Argentina. A pesar de ello, surgió alguna crítica despiadada y que vino extrañamente, de parte de Homero Manzi quien expresó: “Gardel es un gran artista, sin control de sus condiciones ni de su destino. Vive y triunfa con la complicidad de Dios, pero él ha hecho todo lo posible para dificultarle el éxito”. Esos reproches se extienden a su decisión de grabar en el extranjero y el hecho de no haber exigido que sus coprotagonistas fueran argentinos.

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“Le Figaro” es uno de los diarios más importantes de Francia y de esta forma alababa a Carlos Gardel por sus actuaciones en la gran ciudad. “Las modulaciones e inflexiones de su voz y el juego de su semblante singularmente móvil… medio de expresión que él usa con arte consumado. Se tiene la impresión de que ejerce una suerte de encanto magnético sobre el público”. El columnista continuaba la descripción en estos términos: “Su modo de cantar es perfectamente cadencioso con matices y dulzura, acentos trágicos, gritos de orgullo y rebelión, alegría y entusiasmo, ternura y acariciante melancolía”. Concluía, Le Figaro que Gardel se había anotado un Éxito Triunfal.

Su destino cambiaría para siempre, al llegar a la localidad de Punta Alta.

PEDRO MAFFIA - ENCUENTRO CON ROBERTO FIRPO Y CON CARLOS GARDEL

En el año 1917, Maffia se encontraba tocando el bandoneón en un café de Punta Alta, en el sur de la Provincia de Buenos Aires. Hasta ese lugar, había llegado una compañía de la casa Glücksmann, promocionando la venta de discos del sello, por intermedio de una embajada artística que contaba con la orquesta de Roberto Firpo y el dúo Gardel-Razzano. El guitarrista del dúo, José Ricardo, escuchó a Maffia y quedó deslumbrado por las pericias técnicas del muchacho y de inmediato lo llevó al hotel donde se alojaba Roberto Firpo, para que el gran piansita lo escuchara. Hecha la prueba de rigor, Firpo también reconoció las inmensas virtudes de Maffia y le ofreció buena paga para incorporarlo a la orquesta. Desde aquella jornada, Maffia quedaría en el plantel de Firpo y también se ganaría la amistad de Gardel y Razzano.