La historia argentina tiene una marca que se repite en el tiempo y de define como la injusticia hacía los patriotas.
Claro que la historia la escribieron los unitarios que expulsaron a Rosas y persiguieron a San Martín. Los aliados del traidor de Urquiza y los amigos del asesino de Lavalle. Los cómplices del hijo de Alvear y los asesinos de Dorrego.
Nuestra patria mató mucho a sus patriotas. El caso de San Martín es uno de los más crueles, ya que los unitarios de Rivadavia lo acusaron de traidor y ladrón de un ejército. Le impidieron ser presidente bajo la amenaza que, si pisaba Buenos Aires, lo encarcelarían. Ni siquiera pudo ver a su esposa moribunda porque los unitarios se lo impidieron.
El hombre que gobernador de cuyo, que impuso el primer impuesto a las grandes fortunas y que liberó al pueblo; terminó en Londres primero y Francia después cobrando una pensión otorgada por el país galo. En Argentina los unitarios solo lo señalaban cómo traidor.
Pero hay un dato más espeluznante, porque Alvear escribió una biografía de San Martín como si lo hubiera hecho el propio libertador y eso fue vendido como un libro.
Una Fake del 1800, que logró el objetivo que una parte de la sociedad creyera que San Martín era ladrón de ejércitos y traidor a la Patria.
Su principal enemigo, Rivadavia, fue nombrado presidente luego de tomar primera deuda externa con la Baring Brothers por un millón de libras esterlinas. Dinero que nunca gastó en obras públicas. Rivadavia no fue preso, nadie lo acusó de traición a la patria. Nadie.
Esa deuda se terminó de pagar 120 años después. Rivadavia, además, puso en garantía tierras fértiles de la pampa húmeda. Hoy sigue siendo increíble que Rivadavia nunca haya enfrentado acusación alguna.
El caso de Mariano Moreno merece una revisión especial, porque además de ser parte de la revolución de 1810; tenía muy claro que el camino era la independencia y el fin del colonialismo en cualquiera de sus formas. Nada de continuar con reyes de parlamento, el objetivo era una república con división de poderes.
En ese proceso encontró, entre los revolucionarios, un enemigo de fuste: Saavedra procuraba una Independencia limitada, lenta y manteniendo relaciones económicas con España. Básicamente seguir proveyendo a los españoles lo que ellos dijeran necesitar. Y así beneficiar a las clases más adineradas. Para Saavedra, Moreno era un problema.
Luego de formar el primer gobierno patrio repleto de saavedristas, Moreno fue enviado a un viaje diplomático rumbo a Inglaterra. En el viaje murió intoxicado y con la noticia de su muerte, en Buenos Aires sus seguidores comenzaron a ser perseguidos debiendo llamarse a la clandestinidad. El más beneficiado con todo esto fue Saavedra. Nunca hubo un juicio, nunca se supo qué pasó. Pero está claro que la muerte de Moreno fue un asesinato premeditado. Se lo sacaron de encima.
Manuel Dorrego fue elegido gobernador de Buenos Aires en 1828 y debió cargar con la herencia de la deuda tomaba por Rivadavia y la creciente inflación de la época. Por lo que tomó dos decisiones: interrumpir el pago y poner un límite al valor de los alimentos básicos.
Esto hizo que se ganara como enemigos a la élite porteña y al capital inglés dueño de la deuda externa.
Si final fue sin juicio, sin defensa posible. Lavalle volvió de la guerra del Brasil y lo fusiló. Fue otro triunfo para los unitarios. Lavalle tampoco fue juzgado, condenado ni investigado.
Para el final el caso más emblemático es el de Rosas, a quien se cansaron de presentar como un dictador en tiempos donde unitarios y federales se eliminaban unos a otros.
Quienes lo acusan de dictador se apoyan en la suma del poder total que tuvo en su segundo gobierno (1835-1852). Pero no dicen que ese poder fue pedido por Rosas y otorgado por el Congreso.
En Buenos Aires lo único que querían era terminar con el conflicto social y por eso lo buscaron.
Rosas evitó la invasión anglo francesa en lo que hoy se conmemora como el día de la soberanía nacional. Invasión que fue planificada desde el exterior por quienes de decían la Generación del 37: Echeverría, Alberdi y Sarmiento. Decían querer terminar con la grieta entre unitarios y federales. Estos son los que una década después fundarían el orden conservador oligárquico. Serían los responsables de la conquista del no desierto, para que 500 familias de quedasen con 30 millones de hectáreas productivas; es decir el 70 por ciento de las tierras cultivables del país. Cualquier semejanza con la actualidad, no es mera coincidencia.
Rosas murió en Inglaterra, tuvo que huir luego de Caseros a manos del traidor de Urquiza que una década después, entregaría la lucha federal a manos de Mitre.
En todos los casos la patria mató a estos patriotas durante mucho tiempo y primero los unitarios y luego los conservadores se hicieron cargo de escribir la historia desde el ojo pirata del poder.
Por obra de la historiografía, el poder no se quedó con la última palabra. Y los vencedores de aquel momento, hoy son los vencidos.
Quique Gómez Lepez
Profesor de Historia y Ciencias Sociales
Analista Politico
Periodista
