Si te cuento que para mediados del siglo 19, Paraguay era potencia en América… me crees? Pues era así.
Bajo el gobierno de Solano López tuvieron el primer ferrocarril de Sudamérica, uno de los primeros buques a vapor (aún con las limitaciones territoriales por encontrarse en una zona mediterránea). También contaban con una gran producción de tabaco cuyo monopolio estaba en manos del Estado, además de algodón como producto emblema.
Para 1864 esa era la realidad de Paraguay, pueblo que tenía como amigos regionales a Argentina, Brasil y Uruguay. Aunque este último era su principal aliado.
El bajo analfabetismo era otra característica en Paraguay, que lo diferenciaba del resto de los países de la región.
Echar al tirano
Solano López, presidente de Paraguay, fue el lema del ataque. El «tirano» que presidía un país en crecimiento y sin deuda externa. El versito de siempre en todos los tiempos.
Con Brasil en manos de un estado esclavista y Argentina dominada por el fraudulento modelo conservador liberal, el plan fue financiar un golpe de estado en Uruguay y así terminar con el aliado de Paraguay.
Y así fue, cuando Solano López quiso ir en ayuda de Uruguay y cruzó por territorio argentino sin autorización. Esto fue tomado como una declaración de guerra. La excusa perfecta de la alianza triple para la alianza contra Paraguay. La triple infamia tal fuera calificada por Juan Bautista Alberdi.
Una guerra que Mitre pensó sería breve y se extendió entre 1864 y 1870. El pueblo paraguayo resistió con hombres, mujeres, niñas y niños. Estos últimos usaban barba de choclo para parecer más grandes.
La batalla de Curapayti fue uno de sus mayores triunfos, con 8000 soldados argentinos muertos contra solo 100 paraguayos. También en esta batalla fue muerto el hijo de Sarmiento. Pero era cuestión de tiempo la derrota de Paraguay. Fue demasiado para ese pueblo luchar contra el Imperio de Brasil, los liberales argentinos y los golpistas uruguayos.
Pero otro enemigo fue Estados Unidos que atravesaba su guerra de secesión entre norte y sur y escaseaba el algodón. ¿Y quién tenía algodón? Paraguay.
Los astilleros de Corrientes le dijeron no a la avanzada contra Paraguay, pero no alcanzó. El destino del pueblo guaraní estaba escrito.
En cerro Corá fue asesinado Solano López por los soldados brasileños. La cabeza del presidente de Paraguay tiene un precio. Fue muerto a sangre fría frente a la mirada de su esposa y su hijo. Y si hijo también fue víctima fatal.
Cuentan los historiadores que Madame Lynch, inglesa de nacimiento, tuvo que cavar a mano las fosas de su esposo es hijo. Así de cruel fue todo.
Mitre dijo que no le importaba nada de la victoria, y Brasil se quedó con zonas de minas saqueándolas.
¿Y Paraguay? Paraguay fue destrucción total.
Pasó de 500 mil habitantes a solo 116 mil. Solo 10 por ciento en edad de trabajar. El resto hombres ancianos, mujeres y niños.
Los usurpadores destruyeron telégrafos, barcos y ferrocarriles.
El nuevo gobierno de Paraguay comenzó una etapa de endeudamiento con Brasil mediante la hipoteca de tierras y con la bolsa de Londres. Y todo se hizo en nombre del libre mercado.
La guerra contra el Paraguay es hasta hoy, la mayor operación militar fratricida en la región Latinoamérica.
Paraguay era potencia, pero la destruyeron. La atacaron y aniquilaron. Lo hicieron en nombre de la liberación. Fue un genocidio. Aunque la historia no lo diga.
Quique Gómez Lepez
Profesor de Historia y Ciencias Sociales
Periodista
Analista político
