El Agente Civil Cristian Girotti integra la Agrupación Perros de Guerra de la Armada Argentina; es Medanense y adiestrador canino especializado. Junto a su perro Bart, protagonizaron un milagroso hallazgo tras el devastador sismo en Venezuela.
El camino del medanense en la Armada Argentina comenzó hace dos décadas. «Ingresé a la Armada en agosto de 2006, por un amigo que ya era tropa voluntaria. Tenía 20 años y estuve 8 en esa condición», recuerda Cristian. En los primeros tiempos integró la Compañía Delta (dedicada a la vigilancia y seguridad), hasta que en 2008 sus pasos lo llevaron a la Agrupación Perros de Guerra. Allí hacía guardia de cachorrero y se desempeñaba como guía de can de seguridad y exhibición.
Durante todo ese tiempo, Cristian nunca dejó de perfeccionarse y consciente de la responsabilidad que implica el adiestramiento canino, realizó cursos de deporte, seguridad, explosivos y búsqueda y rescate en distintas instituciones del país.
Tras solicitar la baja en 2014, reingresó en 2016, esta vez como Personal Civil, con toda la experiencia previa acumulada. Más tarde realizó el curso de instructor avalado por el Ministerio de Seguridad, capacitándose con máxima rigurosidad dentro y fuera de la Institución en adiestramiento canino.
Hoy en día, su labor diaria como instructor consiste en preparar a los cachorros desde sus primeros días de vida hasta que cumplen el año cuando son entregados a sus guías definitivos, a quienes también acompaña para dejarlos plenamente operativos.
Su relación con Bart, un pastor belga malinois de 7 años, un perro de búsqueda de personas vivas en estructuras colapsadas, tiene un lazo particular de ida y vuelta: «Bart es un perro que yo preparé, lo tuve un año. Después se lo di a otro guía militar que lo tuvo tres años y al irse del destino, Bart volvió a mis manos. Y bueno, lo tengo hasta ahora», relata.
Para los perros de búsqueda, según explica Cristian, las exigentes tareas operativas no representan un trauma, sino una extensión de su adiestramiento diario: «Para ellos todo es un juego. El entrenamiento es un juego, y cuando vamos a operar están pensando lo mismo. Nada más que ya es una situación real, pero para ellos sigue siendo un juego».
La llamada y el despliegue operativo en La Guaira
El 24 de junio, un devastador doble terremoto sacudió el territorio venezolano, con epicentro en el estado de La Guaira, dejando un trágico saldo de aproximadamente 1.450 muertos, más de 3.150 heridos y miles de desaparecidos. Ante la emergencia internacional, el Gobierno argentino dispuso el envío de asistencia humanitaria con medios aéreos y personal especializado de las Fuerzas Armadas.
La Agrupación Perros de Guerra de la Base Naval Puerto Belgrano aportó tres binomios para la misión: un binomio de búsqueda de personas con vida (integrado por Cristian y Bart), junto con otro de similares características, y un binomio adiestrado en la localización de restos humanos (RH). Esta unidad especializada se destaca por su entrenamiento de alta exigencia en catástrofes y estructuras colapsadas.
La partida fue intempestiva. «Fue todo muy rápido», comenta Cristian. «Un día vinimos a trabajar normalmente, el Jefe nos preguntó si habíamos visto lo de Venezuela… Nos dijeron ‘hay que alistarse’, preparamos todo y al otro día ya estábamos saliendo».
A dos horas de su arribo a suelo venezolano, tras acondicionar su lugar de descanso, las patrullas comenzaron a operar. El reto no era sólo el terreno hostil de escombros, sino el drástico choque térmico. El contingente partió de Argentina en pleno invierno con temperaturas de unos 5 °C y los animales con el pelaje de invierno, para desembarcar en un ambiente de 35 °C a 37 °C con una altísima humedad. «Los primeros días costaron mucho por el calor y la humedad, por eso a los canes se los veía transpiraditos; fue otro clima, de un día para otro», explicó el instructor.
Tras intensas jornadas de búsqueda en distintas estructuras sin resultados, el tercer día de operaciones en la localidad de Tanaguarena, estado de La Guaira, trajo la luz en medio de la tragedia. Tras el colapso de un edificio de diez pisos, se recibió información sobre la posible presencia de personas atrapadas.
Bart se adentró en un estrecho túnel abierto entre los escombros, y minutos después dio una marcación positiva, orientando la excavación hacia el punto exacto, y guiados por ella, infantes de marina argentinos trabajaron contra reloj hasta lograr el rescate con vida de dos menores de edad que permanecían atrapados.
Al preguntarle si alguna vez imaginó vivir algo así, Cristian se emociona: «No, nunca pensé. Por más que uno se prepare y prepare a los animales… Fue muy gratificante cuando Bart empezó a marcar que había vida dentro del túnel. La verdad fue un regalo, porque afuera estaban los familiares esperando. Nos dio mucha alegría».
La hazaña de Bart y Cristian dio rápidamente la vuelta al mundo, y al finalizar el operativo, las autoridades venezolanas reconocieron públicamente la destacada labor del can y del personal argentino.
Al arribar a Buenos Aires y posteriormente a Bahía Blanca, los homenajes no se hicieron esperar. Pero el reconocimiento más cálido llegó desde sus propias raíces. Cristian es oriundo de la localidad de Médanos, partido de Villarino, donde reside toda su familia. Aunque actualmente vive en Punta Alta, viaja dos fines de semana al mes a su pueblo, donde sus vecinos y autoridades locales quisieron agasajarlo.
El Honorable Concejo Deliberante de Villarino destacó formalmente la labor de Girotti, otorgándole una distinción especial en el recinto y rindiéndole homenaje en el marco del aniversario del municipio, al considerarlo a él y a sus compañeros un motivo de orgullo de la comunidad por su compromiso y profunda vocación humanitaria.
Hoy, con la satisfacción del deber cumplido y con Bart descansando merecidamente tras el esfuerzo desplegado, Cristian mira hacia atrás con la humildad de quienes entregan todo por el prójimo: «Me quedo muy feliz por haber podido demostrar el
trabajo del perro. Y profundamente agradecido con todos los que me ayudan día a día en el grupo de búsqueda y rescate, los que ya no están».
Fuente: Maria Silvina Rosas. Gaceta Marinera
