Cuando la «pobreza» tiene cara de niño

Por Cristina Rubio

Los números pueden discutirse, compararse con otros años, explicarse desde la economía y convertirse, como tantas veces ocurre, en munición para la pelea política.

Pero hay un número que debería obligarnos a detener esa discusión: el 44,5% de los niños de 0 a 14 años vive hoy bajo la línea de pobreza y el 10,8% es indigente. Casi uno de cada dos.
Fuente: I.N.D.E.C Primer semestre 2026.

Lo real es que no son sólo porcentajes. Son chicos que están creciendo, aprendiendo y construyendo su futuro en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas.

Podremos discutir responsabilidades, modelos económicos y gobiernos. Y seguramente tendremos que hacerlo. Pero sería imperdonable acostumbrarnos.

Porque la pobreza durante la infancia no termina cuando cierra una estadística. Puede dejar huellas imborrables en la alimentación, en la educación, en las oportunidades y, finalmente, en el futuro de todo un país.

Argentina necesita equilibrio fiscal, crecimiento, inversión y estabilidad. Pero todo eso tiene que tener un propósito humano.

Porque si casi la mitad de nuestros chicos son pobres, ningún dato económico debería alcanzarnos para sentir que la tarea está cumplida.

Los niños no eligieron gobiernos, no diseñaron políticas económicas, ni son responsables de nuestras crisis.

Sólo tienen una infancia. Y esa infancia ocurre ahora.

LA INFANCIA NO PUEDE ESPERAR!