“Un nódulo no da síntomas”: por qué las tomografías están cambiando el diagnóstico del cáncer y qué estudios ya quedaron viejos

El diagnóstico y tratamiento del cáncer atraviesan un cambio de era impulsado por la innovación científica y la imagenología de alta precisión. Sin embargo, la distancia entre los descubrimientos biomédicos y su llegada efectiva a los pacientes expone las profundas inequidades del sistema de salud. En el ciclo Entrevistas de INFOCIELO PLAY , la médica Fabiana Marmissolle analiza la evolución de la detección precoz, los cambios de paradigma terapéutico y la necesidad de humanizar la práctica médica.

La mirada invisible: la tomografía como aliada del diagnóstico precoz
Mientras que el cáncer de próstata encabeza la frecuencia en hombres y el de mama en mujeres, el cáncer de pulmón se consolida como la patología oncológica más prevalente en la población general. En este escenario, la capacidad de identificar lesiones de forma temprana representa la principal oportunidad de curación.

“En las tomografías de nuestros pacientes por otras patologías suelen ser lesiones de 5 mm las que vamos siguiendo; 1 cm ya tiene una característica de ese nódulo espiculado. Un nódulo de 1 cm o 2 cm en el pulmón no da síntomas“, detalla la especialista al remarcar la naturaleza asintomática de las fases iniciales.

Frente a las rutinas de control tradicionales, aclara que la radiografía de tórax resulta insuficiente para detectar nódulos pequeños en grupos expuestos a factores de riesgo como el tabaco o la contaminación, “la verdad es que en las sociedades que tienen un programa de detección precoz del cáncer se recomienda hacer tomografía, son métodos más sensibles”. Esta evolución metodológica marca un contraste respecto a las herramientas del pasado, “no es lo mismo la mamografía digital o con cortes tomográficos que se hace ahora que la mamografía analógica que se hacía desde hace 15 años“.

Evitar la “toxicidad emocional”: la batalla contra la mutilación quirúrgica
Uno de los avances más relevantes en la práctica oncológica contemporánea radica en preservar la calidad de vida de los pacientes mediante abordajes no invasivos. En el cáncer de recto —asociado frecuentemente a pólipos cuyo signo de alerta suele ser el sangrado—, la cirugía tradicional implicaba secuelas de enorme impacto psicológico y social.

“Esa cirugía conlleva tener una colostomía, una bolsita de por vida, conlleva una toxicidad emocional muy importante“, explica la profesional sobre el costo afectivo de los tratamientos históricos.

La consolidación de alternativas terapéuticas requirió derribar resistencias dentro de la propia comunidad médica, “se vio que la radioquimioterapia, un tratamiento combinado, podía curar el cáncer de recto y eso fue una pelea con los cirujanos, fue una batalla para posicionar un tratamiento que era terreno absoluto de la cirugía“. Finalmente, la acumulación de evidencia científica en congresos y publicaciones logró imponer el esquema conservador.

De la “escopeta” a la “llave perfecta”: la era de la medicina personalizada
La conceptualización del cáncer como una enfermedad de los genes —favorecida a nivel global tras la secuenciación del genoma humano— abrió el paso desde abordajes genéricos hacia terapias dirigidas a mutaciones específicas.

Al comparar las terapias de amplio espectro con las drogas moleculares, Marmissolle utiliza una analogía sobre la especificidad del tratamiento “Interpretamos esa mutación genética como la cerradura para meter una llave perfecta donde las respuestas son específicas para esa cerradura, a diferencia de hacer, como yo siempre digo, el escopetazo“.

No obstante, reconoce las variables biológicas e individuales que impiden alcanzar respuestas uniformes en todos los casos, ya que un porcentaje de pacientes (entre el 20% y el 30%) puede no responder según lo previsto, “uno aplica un tratamiento por un dato estadístico, pero después dentro del cuerpo esa droga tiene un factor individual y ahí ya no es un dato estadístico, es solo uno y es esa persona“, sostiene la especialista. En el horizonte tecnológico cercano, Marmissolle destaca además el desarrollo de la biopsia líquida, orientada a “detectar pedacitos de una célula a través de un análisis de sangre“.

Diagnóstico de precisión y la brecha en el acceso
A pesar del desarrollo de herramientas diagnósticas avanzadas como el PET TC —estudio que combina tomografía con sustancias radiactivas para analizar tanto la forma como la actividad metabólica del tumor—, la distribución de estos recursos en el territorio nacional continúa siendo sumamente desigual.

“No tenemos una Argentina, tenemos muchas Argentinas”, reflexiona la médica al examinar las barreras geográficas y de cobertura en el sistema sanitario. “Hay una limitación geográfica para un determinado estudio que no hay disponibilidad de tomógrafo. No hay disponibilidad de PET TC ni todas las obras sociales la cubren, ni hay acceso en el ámbito hospitalario muchas veces para toda esa tecnología“.

A la falta de infraestructura de alta complejidad se suma el alto costo de la medicación oncológica, Marmissolle explica “hay un mundo ideal para oncología, lamentablemente no llegó todavía eso“. La especialista concluye señalando que la inversión requerida para la investigación hace que muchos tratamientos resulten hoy prohibitivos, subrayando la urgencia de acortar la brecha entre la innovación y el paciente.

Fuente: InfoCielo