“Es un golpazo gigante”: Cerró la principal fábrica de Tornquist y despidió a 160 trabajadores

Papelera del Sur bajó la persiana tras 53 años. La apertura de importaciones de la gestión Milei llevó al grupo empresario a reemplazar la producción nacional por insumos del exterior.

El inesperado cierre de Papelera del Sur sacudió a la pequeña localidad bonaerense de Tornquist. La fábrica, que llevaba más de cinco décadas instalada en el pueblo, anunció el cese definitivo de sus actividades y dejará en la calle a unos 160 trabajadores, entre operarios y personal jerárquico.

Se trata de la planta industrial más grande de Tornquist, donde viven alrededor de 10 mil personas y cuya economía sentirá el impacto de una decisión que va mucho más allá de sus puertas.

“Hoy a la mañana nos dijeron que la fábrica cerraba. Estamos medio helados”, contó con asombro Gustavo Lanaro, secretario general del sindicato de obreros papeleros y trabajador de la planta, en diálogo con Infocielo.

La noticia llegó de manera inesperada: los trabajadores habían sido convocados a una reunión en Bahía Blanca y hasta entonces no imaginaban que el encuentro terminaría con el anuncio del cierre.

La empresa comunicó que no estaba en condiciones de sostener la producción porque los números ya no cerraban. No se trata, según explicó Lanaro, de una firma en quiebra, sino de una decisión empresarial de dejar de fabricar. La propuesta que les realizaron fue pagar las indemnizaciones correspondientes, incluso por encima de lo establecido legalmente, pero con la premisa taxativa de que no existe voluntad de renegociar ni de buscar alternativas para mantener abierta la planta.

“Nos dijeron: les pagamos lo que les tenemos que pagar y la fábrica se cierra. No es un problema de plata”, resumió el dirigente gremial.
Las importaciones, detrás del cierre de una fábrica que producía para todo el país

Papelera del Sur se dedicaba a fabricar cartulina para envases, un insumo presente en productos cotidianos de las góndolas: cajas de arroz, chocolatadas, galletitas y medicamentos, entre otros. Además, trabajaba con papel reciclado y tenía una particularidad que dimensiona el impacto de su cierre: “Somos los únicos que hacemos esa cartulina en Argentina”, explicó Lanaro.

El dirigente sindical ubicó el comienzo de los problemas en la apertura de las importaciones que habilitó el gobierno de Javier Milei y la dificultad para competir con los costos de los productos provenientes del exterior. La planta contaba con una máquina antigua, pero había logrado sostener la actividad durante años, con una producción que rondaba los siete millones de kilos mensuales. En el último tiempo, ese volumen había caído a unos cinco millones.

“Cuando empezaron a abrir las importaciones, a nosotros casi que se nos hacía imposible competir con lo de afuera, por un tema de costos”, señaló.

La crisis no había aparecido de un día para otro. Desde hacía aproximadamente dos años y medio, los trabajadores atravesaban períodos de suspensiones. La última había sido en abril y, después de algunos meses de relativa estabilidad, esta misma semana les habían comunicado que volverían a parar la máquina durante 15 días.

Sin embargo, la expectativa era que la fábrica pudiera seguir funcionando bajo ese esquema. Lanaro contó que incluso habían empezado a notar algunas mejoras después de un cambio de gerencia, que había permitido aprovechar los períodos sin producción para realizar tareas de mantenimiento.

“Yo hace 20 años que estoy en la papelera. Habíamos tenido una crisis así con Macri, que habían abierto las importaciones y anduvimos medio a los tumbos, pero nunca como ahora”, comparó.

El dato más contundente sobre el rumbo que tomará el negocio apareció cuando los trabajadores preguntaron qué sucedería con las otras empresas del grupo Interpack, propietario de Papelera del Sur. Las imprentas continuarán funcionando, pero dejarán de abastecerse de la cartulina fabricada en Tornquist.

“Lo que van a hacer es importar cartulina. Ellos mismos. Y obviamente les conviene traerla de afuera y no hacerla”, relató Lanaro.

La decisión expone un problema que da cuenta del modelo productivo: el grupo económico mantendrá sus actividades de impresión, pero reemplazará la producción nacional de uno de sus principales insumos por material importado.
El impacto en un pueblo donde la papelera era la principal fábrica

El cierre tiene una dimensión social que excede los 160 puestos de trabajo directos. Según explicó Lanaro, la planta tenía 105 trabajadores afiliados al sindicato y alrededor de 50 empleados fuera de convenio, entre jefes y personal jerárquico. A eso se suman los puestos indirectos vinculados con contratistas, camioneros, guardias y otros servicios.

“Acá en el pueblo somos 10 mil habitantes y ahí adentro trabajamos 150 o 200 familias con contratistas, camioneros, guardias. Para un pueblo chico, la única fábrica grande, la verdad que es un golpazo gigante”, describió.

La preocupación es especialmente fuerte porque Tornquist no cuenta con una estructura industrial capaz de absorber fácilmente semejante cantidad de trabajadores. Papelera del Sur llevaba más de medio siglo en la localidad y siempre había pertenecido al mismo grupo económico.
Sin margen de negociación y con pocas expectativas de revertir el cierre

Lanaro aseguró que no hubo una instancia previa de negociación con el sindicato. La empresa tampoco había presentado un procedimiento preventivo de crisis ni se había acercado al Ministerio de Trabajo para explorar alternativas antes de comunicar el cierre.

“Con nosotros tampoco se acercaron a decirnos que la cosa estaba brava, a ver si podíamos ponernos de acuerdo para negociar algo”, cuestionó.

Los trabajadores mantuvieron contactos con el municipio, que se puso a disposición, y tienen previsto buscar también una instancia de diálogo con el gobierno provincial. Mientras tanto, preparaban una asamblea y consultas con abogados para definir los pasos a seguir.

“Estamos medio atados de pies y manos. Tenemos una impotencia porque no vemos una salida”, reconoció Lanaro.

La posibilidad de que la planta vuelva a producir aparece hoy lejana. Para los trabajadores, el problema no es solamente perder sus empleos, sino asistir al cierre de una fábrica que durante 53 años formó parte de la estructura productiva de Tornquist y que ahora será reemplazada, en la cadena de abastecimiento del propio grupo empresario, por cartulina importada.
Trabajo bonaerense intervino de oficio y convocó a una audiencia por los 160 despidos

El cierre de Papelera del Sur también motivó la intervención del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, que tomó cartas en el asunto de oficio después de conocer el anuncio de cierre definitivo y la desvinculación de la totalidad del personal. Según informó la cartera laboral, la decisión se adoptó ante la falta de comunicación formal de las partes involucradas sobre la situación de la empresa.

Como primera medida, el organismo dispuso que el delegado regional se trasladara a Tornquist para relevar el escenario y tomar contacto con los trabajadores, la organización sindical y la empresa.

Además, el Ministerio convocó a la empresa y al sindicato a una audiencia para este viernes, con el objetivo de abordar el cierre y analizar las instancias de actuación correspondientes. La intervención abre una instancia institucional en medio de la incertidumbre de los trabajadores, que hasta ahora aseguraban no haber encontrado voluntad empresaria para negociar una alternativa que permitiera sostener la producción.

En la información transmitida al Gobierno provincial, la organización sindical atribuyó el cierre a la falta de rentabilidad y las dificultades para competir con productos importados. La planta llevaba aproximadamente siete meses sin actividad productiva y fabricaba una cartulina especial que, de acuerdo con los datos relevados por el Ministerio, comenzó a importarse desde Brasil para su comercialización en Argentina.

Fuente: Infocielo