La mora bancaria volvió a crecer en abril y alcanzó el 7,3% del total de las financiaciones otorgadas, según datos publicados por el Banco Central. El indicador subió 0,3 puntos porcentuales frente a marzo y acumula un incremento de 5,1 puntos respecto de abril de 2025. Con este avance, la irregularidad del sistema acumula 17 meses consecutivos de crecimiento.
El mayor deterioro se observa en los créditos a familias, donde la morosidad llegó al 12,1%, con una suba mensual de 0,5 puntos y un salto de 8,4 puntos en un año. En las empresas, en cambio, el coeficiente pasó de 3,1% a 3,3% entre marzo y abril. Para las financiaciones familiares, los niveles actuales son los más altos desde 2004.
El BCRA, sin embargo, sostuvo una mirada más optimista en su Informe sobre Bancos. Allí destacó que la probabilidad de default estimada “se redujo por tercer mes consecutivo en abril, hasta ubicarse en 2,6%”, tanto en familias como en empresas. También explicó que ese indicador es “complementario al ratio de irregularidad” porque permite observar la transición de deudores regulares a irregulares.
En el sistema financiero advierten que el aumento de la mora responde al deterioro de ingresos, empleo y capacidad de pago. También señalan el impacto de la norma conocida como “arrastre”, por la cual “si un deudor registra atrasos que representan el 40% o más de su pasivo total, el resto de las entidades debe degradar su calificación interna”, explicó el analista Pablo Curat.
Por tipo de crédito, la mora subió en casi todas las líneas: préstamos personales, tarjetas, hipotecarios, prendarios, adelantos en cuenta corriente y descuento de cheques. En personales llegó al 14,8% y en tarjetas al 11,2%. La única baja se registró en la prefinanciación de exportaciones.
Qué hacer si no se pueden pagar los préstamos al banco
Cuando una persona empieza a tener dificultades para cumplir con una cuota, lo primero que recomiendan los especialistas es no esperar a caer en mora. El paso inicial debe ser comunicarse con el banco, explicar la situación y consultar qué alternativas ofrece la entidad: refinanciación, extensión de plazos, unificación de deudas o modificación del esquema de pagos. Cuanto antes se inicie esa conversación, mayores son las posibilidades de evitar intereses punitorios, deterioro del historial crediticio y restricciones futuras para acceder a financiamiento.
También es importante revisar el estado general de las deudas. No todos los compromisos tienen el mismo costo ni el mismo impacto: los saldos de tarjetas de crédito y los préstamos personales suelen tener tasas más altas, por lo que conviene priorizarlos frente a otras obligaciones. En ese proceso, resulta clave ordenar ingresos y gastos, identificar pagos prescindibles y evitar tomar nuevos créditos para cubrir cuotas vencidas, ya que esa decisión puede profundizar el problema si no viene acompañada de una mejora real en la capacidad de pago.
Otra recomendación es pedir siempre las propuestas por escrito y analizar el costo financiero total antes de aceptar cualquier refinanciación. Una cuota más baja puede aliviar el corto plazo, pero también puede implicar más intereses y un plazo mayor de endeudamiento. En casos de sobreendeudamiento, puede ser útil buscar asesoramiento profesional o acudir a organismos de defensa del consumidor para conocer derechos, límites de cobro y posibles instancias de mediación.
Fuente: La Nación
