La patria que asesina a sus patriotas (Parte 1)

Nuestra historia está plagada de situaciones que coinciden una y otra vez en relación al final de quienes forjaron la patria y fueron condenadas por las elites. Muerte, exilio, acusaciones y destierros. Nuestra historia es asi, y quizá muchos no la conocen. Pero también el olvido es una forma de matar.

Las mujeres siempre han tenido a la historia como su principal enemiga, a partir de una cadena de ocultamientos y negación. La revisión historiográfica permitió cambiar eso.
Mariquita Sánchez de Thompson no ofrecía inocentemente masitas y bebidas a sus invitados en su cómoda casa. Ese hogar fue utilizado como un búnker lujoso en el que se exponían e intercambiaban ideas llegadas de Europa. Allí nacieron asociaciones privadas , públicas y alianzas políticas.

María Remedios del Valle y su vida de esclava para luego ganar la libertad. Una mujer que peleó en la primera expedición militar hacia el Alto Perú. Fue herida de bala, tomada prisionera por los realistas y sometida a azotes públicos.

Pero además fue reconocida por Manuel Belgrano como capitana mientras lloraba la muerte de su marido e hijos, caídos en combate.

Macacha Güemes organizó junto a su hermano, Martín Miguel, un ejército de gauchos que pasó a la posteridad con el nombre de Los infernales, para defender el territorio hoy convertido en las provincias de Salta y Jujuy.

En su casa fue desarrollado un taller para la confección de uniformes para ese ejército. También hizo de espía profesional, cuando la ciudad de Salta fue cercada por autoridades fieles a la Corona española, para proveer de información clave a los guerreros.

En un artículo titulado “María Remedios del Valle y las Marías. Memorias, representaciones y actualidad de una femineidad negra heroica en la capital ‘blanca’ argentina”; la doctora en Historia e investigadora del CONICET, Florencia Guzmán, se especializó en la vida de María Remedios del Valle.

María Remedios era porteña, afrodescendiente. Fue esclavizada por Rosa del Valle, quien le otorgó el apellido.

Defendió a la ciudad de las invasiones inglesas y, tras la Revolución de Mayo, se fue junto a su marido e hijos a la expedición destinada al Alto Perú. Alimentaba a los soldados, curaba heridos, peleaba a la par. Tiempo después fue desde Potosí hasta Jujuy, donde se sumó al ejército del general Manuel Belgrano.

En Ayohuma (1813), fue herida de bala y tomada prisionera por los españoles, luego sometida a nueve días de azotes públicos.

Las cicatrices que llevó en su cuerpo hasta el final de sus días resumen las acciones realizadas en esta derrota patriota, donde luchó, escapó, fue herida de bala, capturada y azotada.
En 1835 Rosas le destinó a la Plana Mayor pasiva con su jerarquía de Sargento Mayor y allí fue revistada con el nombre de María Remedios Rosas, con el que luego continuaría apareciendo en las listas respectivas hasta la fecha de su muerte, ocurrida en 1847.

Post morten fue declarada “madre de la patria”. Aunque su reivindicación histórica llegaría muchos años más tarde: su papel en la gesta revolucionaria comenzó a trascender en el año 2010, por las celebraciones del bicentenario de la Revolución de Mayo, y fue coronado en 2013, cuando se estableció el 8 de noviembre, día de su fallecimiento, como el “Día de los afroargentinos y las afroargentinas y de la cultura afro”.

Juana Azurduy es conocida como “la Amazona de la libertad”. En 1809, ella y su marido se unieron a los ejércitos independentistas que encararon la Revolución de Chuquisaca y la Paz, en la que derrocaron al gobernador. Combate clave para lo que luego ocurriría el 25 de mayo de 1810. Un par de años después ambos se sumaron al Ejército del Norte encabezado por Manuel Belgrano.

Juana logró reclutar a diez mil indígenas, comandó tropas, colaboró con Martín Miguel de Güemes, luchó en más de treinta batallas y lideró un grupo de mujeres mestizas e indígenas movilizadas por la causa de la liberación del pueblo.

La tropa estuvo compuesta mayoritariamente por campesinos y trabajadores pobres de la campaña, la plebe urbana, migrantes internos, negros, pardos, indios y mestizos, tanto varones como mujeres”. Los ricos? Bien gracias.

En 1816 fue nombrada teniente coronel; en 1825, Simón Bolívar la ascendió a coronel y le otorgó una pensión que recibió durante cinco años. Sin embargo murió, a los 81, en la pobreza y el olvido; un 25 de mayo de 1862. Y fue enterrada en una fosa común.

Cien años después sus restos fueron exhumados y trasladados a un mausoleo construido en su honor en la ciudad de Sucre.

A la mayoría de estas mujeres los homenajes y reconocimientos por lo hecho en pos de la liberación de estas tierras les llegaron mucho después de morir.
Por ejemplo en una provincia de Bolivia, un aeropuerto lleva su nombre. Además fue ascendida póstumamente: en 2009 se le otorgó el grado de mariscala de la República, declarándola “libertadora de Bolivia”; en 2011, el de mariscala del Estado Plurinacional de Bolivia. Para sellar este nombramiento, el entonces presidente Evo Morales posó los grados y el sable al pie de sus restos.

En Argentina, su imagen se alza en la Plaza del Correo, frente al Palacio Libertad —ex Centro Cultural Kirchner— y solía estar en el Salón de las Mujeres Argentinas del Bicentenario de la Casa Rosada, que el Gobierno actual de Milei rebautizó Salón de los Próceres.

Juana perdió en batalla a cinco de sus seis hijos. El 14 de julio de 2009 Cristina Fernández le otorgó el grado póstumo de generala del Ejército Argentino y, al año siguiente, entregó sable e insignias de ese cargo a sus restos, en la Casa de la Libertad de Sucre y firmó un tratado, con Evo Morales, que establecía al 12 de julio como el Día de la Confraternidad Argentina-Boliviana.

Durante siglos la historia argentina decidió ocultar, negar y matar de olvido a quienes lucharon por la patria y la libertad de nuestras tierras. Y las mujeres revolucionarias son el caso más evidente de todo esto.

Quique Gomez Lepez
Profesor de Historia y Ciencias Sociales
Periodista
Analista político