Horrores de un pasado que aún está presente

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A continuación, el relato y las reflexiones de un trabajador de Villa General Arias (Punta Alta), sobre el genocidio perpetuado por la última dictadura Cívico-militar eclesiástica.

El 24 de Marzo de 1976 se comienza a escribir, con sangre, una de las páginas mas oscuras de la historia reciente de nuestro país y del mundo.

En ese preciso momento se parió con fórceps la mas feroz dictadura “ cívico-militar eclesiástica" , forzada por una oligarquía burguesa autóctona y un clero que, al servicio del imperialismo, veían como los cimientos de sus estructuras eran sacudidos por las continuas expresiones del movimiento obrero, cada vez mas organizado y encolumnado hacia un modelo social inédito en nuestra región.

Durante los últimos años de la década del ´60 y hasta fines del año 1975, se produjeron diversos movimientos populares como el Cordobazo, los movimientos estudiantiles en la provincia de Buenos Aires, el Villazo en el cordón industrial de Villa Constitución, en la provincia de Santa Fe, por citar solo algunos, que fueron aplacados ferozmente, pero que demostraban que el poder de la clase trabajadora estaba en vigoroso desarrollo.

En esa instancia y en una farsa de democracia, el gobierno liderado por Juan Perón, y su Vicepresidenta y esposa Isabel Martínez despliegan una sistemática y cruenta represión sobre estas manifestaciones con persecuciones, desapariciones y muerte, formando incluso escuadrones paraestatales (la Triple A) para llevar adelante estos propósitos y responder a los intereses de la histórica burguesía nacional y a las presiones del capital internacional que veían peligrar sus intereses en la región.

En este contexto, descripto someramente, se dio paso a las fuerzas militares con la suma del poder del Estado, en lo que la junta militar dió en llamar el “ proceso de reorganización nacional “.

Durante esta etapa se vivieron en la República Argentina mas de 7 años de horror, en los que se procedió a activar un plan de aniquilamiento social que arrojó al menos 30000 compañeros y compañeras desaparecidas, pero un número que jamás será determinado de habitantes sistemáticamente desgarrados y aterrorizados, con el objetivo preciso de desmembrar un tejido social fuertemente convencido de su pertenencia al movimiento obrero que hasta nuestros días acarrea profundas secuelas.

Un proceso de terrorismo de Estado sin precedentes, que desarrolló inimaginables variantes para el aniquilamiento del ser humano individual, con torturas físicas y sicológicas nunca practicadas que incluían violaciones, torturas a los padres en presencia de sus hijos y viceversa y otras tantas violaciones a los derechos humanos que me abstengo de mencionar pero que fueron demostradas sobradamente en los procesos judiciales que aún hoy continúan contra los genocidas.

De este horror, que escapa a los peores vejámenes jamás imaginados o descriptos, ni siquiera por el Dante, en los infiernos de su obra maestra, me permito rescatar el caso de un vecino de Bahía Blanca, propietario de una parcela, en la zona de quintas, de nuestra localidad de Villa General Arias.

A continuación transcribo el relato que escuché de labios de su atormentada madre ya fallecida:
…” partimos junto a mi esposo Alfredo y nuestra hija Liliana, viajamos en colectivo de larga distancia, desde Bahía Blanca con rumbo a La Plata, era el día 22 de Diciembre de 1976. Nuestro equipaje era liviano, unas pocas mudas de ropa y nuestro regalo de graduación, las llaves de un Ford taunus, que llevábamos de sorpresa y una botella de champagne para brindar con el y su novia en la inminente nochebuena, Eduardito recién se titulaba como Psicólogo en la Universidad de La Plata, pero no pudo enterarse de nuestro viaje…“

Después de un suspiro que duró un siglo, la Piba, que así la llamábamos, continuó, … “ Llegamos en las primeras horas del día 23 y en la terminal nos esperaba un primo de mi esposo, que nos abrazó con una fuerza que nos estremeció y solo nos dijo –lo mataron a Eduardito lo mataron-.
Nos condujo a la morgue judicial de la ciudad, donde nos entregaron un cajón cerrado, que nos dijeron contenía los restos de nuestro hijo.
Hoy ese féretro reposa en el cementerio de Bahía Blanca.
Nos comunicaron que Eduardito había sido abatido en un enfrentamiento junto a su novia. Hasta hoy no sé si los restos de nuestro hijo se encuentran en ese lugar, solo espero que descanse en paz."

Este es un breve pero sentido homenaje a Eduardo Alfredo Valentini Alonso, alias el Brujo, pues los testimonios de quienes lo conocieron afirman que tenía una mirada profunda y penetrante, era un joven de 24 años, lleno de sueños y que solo arrastrará como culpa su profundo carácter solidario; uno mas de los millares de jóvenes que en aquella y en esta época soñaron y soñamos con un mundo justo y libre para todos.

Según la versión oficial fue abatido en un enfrentamiento callejero, práctica regular que los grupos de tareas utilizaban para descartar detenidos o blanquear operativos y que quedó demostrada en las investigaciones posteriores.

Cuando se cita a la oligarquía nativa, es menester poner nombres, como póstumo homenaje a esas y a todas las víctimas de la represión del Estado, las de ayer y las de hoy, a algunas de las familias eternamente favorecidas por el accionar de estos criminales, como son, Martínez de Hoz, Bulrrich, Luro Pueyrredón, Menéndez Brown, Macri, entre otras tristemente célebres en el pasado y el presente de nuestro país.

Por el "Brujo", por los 30000 compañeros detenidos desaparecidos, por las obreras, obreros y jóvenes que dejaron su vida por transormarlo todo, es que debemos ser miles en las calles este 24 de Marzo, exigiendo Memoria, Verdad y Justicia. El mejor homenaje que podemos hacer es organizarnos para terminar con este nuevo saqueo que la misma oligarquía burguesa de aquel entonces, en complicidad con el imperialismo yanqui, viene a hacer sobre el pueblo trabajador.

Juanjo Alonso
La Izquierda Diario