Para leer y releer

Por Cristina Rubio

LA SOCIEDAD QUE SOÑAMOS EXISTE Y LA VIMOS EN EL CUARTEL DE BOMBEROS.

Tuve el privilegio de participar del Acto por el Día del Bombero Voluntario en Punta Alta.

Fue una ceremonia cargada de emociones, de esas que dejan el corazón lleno de gratitud y también de reflexiones.

Hubo reconocimientos para quienes cumplen años de servicio en la institución, homenajes a bomberos por su compromiso y responsabilidad y un merecido agradecimiento a los integrantes de la Reserva que, una vez más, demostraron que el espíritu bomberil no se jubila nunca. Ellos colaboraron pintando el Cuartel para que la casa de todos los bomberos luciera de la mejor manera en una fecha tan especial.

También hubo lugar para celebrar los logros.

Las Damas Colaboradoras entregaron cincuenta equipos forestales nuevos, adquiridos gracias al esfuerzo y al trabajo realizado a través de un Té Bingo. Un ejemplo de cómo la solidaridad de una comunidad puede transformarse en herramientas concretas para cuidar vidas.

La Asociación de Bomberos Voluntarios presentó oficialmente una nueva Unidad Ligera Forestal, una camioneta RAM que recibió la bendición correspondiente y luego recorrió las calles de la ciudad para que los vecinos pudieran compartir la alegría de una nueva incorporación al servicio de todos.

Porque cada vehículo, cada equipo y cada mejora no pertenecen solamente a la institución. Son patrimonio de toda la comunidad.

Son recursos que estarán disponibles cuando alguien los necesite en el peor momento de su vida.

Pero si hubo un instante que resumió la esencia de todo lo vivido, fue el final.

Cuando concluyó su discurso, el Jefe del Cuerpo Activo IVAN VEGA, pidió a los bomberos presentes que rompieran filas y fueran a abrazar a sus familias.

Y entonces ocurrió algo que difícilmente pueda describirse sin emoción.

Porque detrás de cada bombero hay una familia que acompaña, espera, comprende y comparte sacrificios. Hay madres que no duermen cuando suena la sirena. Hay esposas, esposos, hijos y seres queridos que aceptan cumpleaños interrumpidos, reuniones suspendidas y noches de incertidumbre porque saben que alguien necesita ayuda.

Ese abrazo colectivo fue mucho más que un gesto. Fue el reconocimiento a quienes también sirven desde el silencio.

Mientras observaba esa escena, que por supuesto me sacó infinitas lágrimas, pensé inevitablemente en nuestra sociedad.

Vivimos tiempos donde abundan los enfrentamientos, las descalificaciones y los discursos cargados de resentimiento.

Parece que muchas veces hemos olvidado que quien piensa distinto no es un enemigo. Es simplemente otra persona.

En cambio, los bomberos nos dieron una lección. Allí había hombres y mujeres de distintas edades, ocupaciones, ideas y formas de ver la vida.

Sin embargo, todos compartían un mismo objetivo: ayudar.

Nadie pregunta a quién votó la persona que necesita ser rescatada.

Nadie pregunta qué piensa quien perdió su casa en un incendio.

Nadie pregunta de qué lado está alguien que necesita auxilio.

Simplemente se ayuda.

Quizás por eso los Bomberos Voluntarios generan tanto respeto.

Porque representan valores que nuestra sociedad necesita recuperar con urgencia: el compromiso, la solidaridad, el trabajo en equipo, el respeto y la vocación de servicio.

No somos enemigos. Somos vecinos. Somos compañeros de camino. Somos seres humanos que compartimos una misma comunidad y que deberíamos aprender a construir más puentes y menos trincheras.

Ayer, mientras los bomberos rompían filas para abrazar a sus familias, sentí que allí estaba la imagen de la sociedad que muchos soñamos. Una sociedad donde el amor sea más fuerte que el odio.

Donde el servicio sea más importante que el ego. Donde la gratitud tenga más espacio que el resentimiento.

Y donde entendamos, de una vez por todas, que nadie se realiza solo y que todos necesitamos de todos.

Gracias, Bomberos Voluntarios de Punta Alta. Por cuidar nuestras vidas. Y también por recordarnos, con su ejemplo, qué clase de personas podemos llegar a ser.

LOS QUE GRITAN SUELEN OCUPAR LOS TITULARES. LOS QUE SIRVEN SUELEN OCUPAR EL CORAZÓN DE LA GENTE.