ATENEA no es un satélite cualquiera. Se trata de un CubeSat de 12 unidades (12U), completamente diseñado y fabricado en el país, con un objetivo claro: validar tecnologías espaciales clave y realizar experimentos que serán fundamentales para futuras misiones. Su selección no fue sencilla. De hecho, fue elegido entre propuestas de más de 50 países, cumpliendo con exigentes estándares de confiabilidad que la NASA impone especialmente en misiones tripuladas.
La misión Artemis II, que tiene prevista su ventana de lanzamiento entre el 1 y el 6 de abril desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, será histórica por sí sola. Será el primer vuelo tripulado hacia la órbita lunar desde la era del programa Apolo. En ese contexto, ATENEA tendrá un rol particular: será el primer CubeSat en ser liberado tras la separación de la nave Orión, lo que lo posiciona en un lugar estratégico dentro del despliegue.
Una vez en operación, el satélite argentino trabajará junto a desarrollos de países como Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita. Pero hay un detalle que no pasa desapercibido: será el único representante de América Latina en una misión de este calibre, abriéndose camino más allá de la órbita baja terrestre, un terreno reservado para proyectos de alta complejidad.
Detrás de este avance hay una red de instituciones que empujaron en la misma dirección. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) lideró el proyecto junto a universidades y organismos como la UNSAM, la UNLP, la UBA, la CNEA, el Instituto Argentino de Radioastronomía y la empresa VENG. Una articulación que, en tiempo récord, logró cumplir con los requisitos internacionales y colocar a Argentina en un lugar destacado.
¿Y qué va a hacer exactamente ATENEA allá arriba? Sus experimentos apuntan a generar información clave sobre materiales y técnicas de blindaje espacial, optimizar sensores ópticos para telecomunicaciones y mejorar maniobras en órbitas de transferencia geoestacionaria. En otras palabras, no solo se trata de estar, sino de aportar conocimiento concreto para lo que viene.
Si bien no descenderá a la superficie lunar, su misión es igual de relevante. Operará más allá de la órbita baja terrestre, validando tecnologías que serán la base de futuras exploraciones.
Fuente: Infobae
