Así se desprende de datos de Tejido Urbano que señala que “detrás de la aparente estabilidad respecto al año previo se esconde una realidad persistente y estructural: 1,8 millones de jóvenes adultos continúan viviendo en el hogar de origen, postergando su autonomía residencial”, señaló Matías Araujo, investigador de la fundación.
En cuanto a los factores que explican el fenómeno, resaltaron que el acceso al empleo sigue siendo una condición central para la emancipación. En la actualidad, la desocupación entre las personas de 25 a 35 años supera en 1,5 puntos porcentuales a la del conjunto de la Población Económicamente Activa (PEA). El desempleo es de 5,3% entre quienes pudieron irse de la casa de sus padres, pero trepa a 10,1% entre quienes no lo hicieron.
Por otra parte, si bien el empleo asalariado predomina entre los jóvenes ocupados, la emancipación se asocia con una mayor presencia de modalidades independientes y cuentapropistas
“Esto sugiere que, frente a un mercado laboral restrictivo, la salida del hogar familiar muchas veces se construye desde estrategias más inestables y riesgosas”, aseguró Araujo.
A su vez, en términos generales, los jóvenes de 25 a 35 años ganan un 10% menos que el promedio de la PEA. No obstante, se encuentra que los ingresos de los emancipados duplican a los de quienes no lo están y se ubican un 15% por encima de la media.
Surge como problemática además la calidad del empleo: la informalidad juvenil llega al 36%, 6 puntos porcentuales más que en el total de la población ocupada.
Otro elemento relevante, según Tejido Urbano, es que los jóvenes de entre 25 y 35 años que continúan estudiando tienen el doble de probabilidad de seguir viviendo en el hogar de sus padres.
La finalización de los estudios aparece como un hito clave en la trayectoria de vida, ya sea para acceder a ingresos suficientes para emanciparse, o insertarse de forma más estable en el mercado de trabajo.
Ahora bien, la proporción de jóvenes que no se independizó muestra fuertes contrastes entre las diferentes regiones del país. El Norte Grande y el Gran Buenos Aires aparecen como las más afectadas.
En los aglomerados del norte se registran deterioros significativos frente a 2024, con altos niveles de no emancipación en distritos como Salta (63,7%), Santiago del Estero (64,8%), Chaco (48%) y Formosa (48,9%), lo que refuerza un patrón de rezago estructural. En contraposición, Jujuy (46,5%) aparece como una excepción con avances positivos.
Los datos también muestran mejoras puntuales y heterogéneas: provincias como Mendoza (38,2%), Entre Ríos (37,3%) y Tucumán (49,6%) exhiben avances relativos, al tiempo que otras, entre ellas la Ciudad de Buenos Aires (24,8%), Río Negro (33,2%) y Santa Cruz (32,3%), registran retrocesos leves pero persistentes.
Fuente: Infobae
