Por: Héctor Raúl Di Carli (el Bomba)
No cabe dudas que es esta hermosa Argentina, en este hermoso suelo en el que hemos nacido, se están sucediendo hechos que se asemejan a “señales”. Esas señales que cuando uno está descolocado, está perdido o simplemente está como quién dice; embolado, marcan una incipiente salida, un desdibujado camino, pero camino al fin.
El desencadenante en este caso es un partido de fútbol, donde el significado difiere según el país que lo practica, para los ingleses hoy es “football”, mientras que para nosotros es el “fulvo”.
Parece mentira, pero todo lo que se venía haciendo y pregonando contra este gobierno entreguista y con un fuerte contenido “cipayo”, de todo aquello inimaginable que tiene que ver con la soberanía territorial, soberanía digital, soberanía defensiva, soberanía alimenticia, soberanía sanitaria, soberanía educacional, soberanía nuclear, soberanía energética (gas, petróleo, hidroeléctrica), soberanía minera (litio, cobre, oro, plata, tierras raras), soberanía pesquera, soberanía hídrica (Ley de Glaciares y acceso a la Antártida), algo sucedió.
Es cierto, algo sucedió con un hilo invisible que hilvana fulvo con las Islas Malvinas, esas islas a tan solo 600 km de nuestra costa continental, pero a cero metros de nuestro corazón.
Esto es así porque, aunque parezca mentira el hecho de machacar desde el jardín de infantes y por el resto de nuestros ciclos educativos, donde nos dicen “Las Malvinas son Argentinas” o tan simplemente de estar circulando por la más remota ruta del país y nos encontramos con un cartel rectangular de fondo azul, el logo de las islas y su distancia a las mismas, nos marcan a fuego desde lo visual e intelectual.
Siempre hay acontecimientos que nos recuerdan el “afano” por parte de los ingleses y cada tanto aconteceres de reclamos como es el del 28 de septiembre de 1966 cuando un grupo de militantes peronistas al mando de Dardo Cabo con otros 17 compañeros entre la que se encontraba su compañera María Cristina Vernier realizan el Operativo Cóndor.
Aterrizan en Malvinas con un avión de línea de Aerolíneas Argentinas, acto seguido izan 7 banderas argentinas y reclaman por la Soberanía Nacional de las islas.
Luego viene Maradona, “el Diego” en otro partido contra los piratas invasores y colonizadores, en el Mundial de México en 1866, donde enarbola en forma masal el reclamo con los caídos en la gesta de intentar recuperarlas, a partir de una arenga inolvidable.
¡Vamos eh, vamos que estos hijos de puta nos mataron a nuestros pibes, nuestros amigos, vecinos! ¡No podemos perder!
Y hoy tenemos el Mundial de “fulvo” con la Scaloneta y Messi a la cabeza, en un partido contra Inglaterra, que se sabía que arrastraba en forma significativa un excedente deportivo.
Excedente que se hace visible con la pitada final y jugadores que hasta ahora solo nos representaban deportivamente, dejan de hacerlo para pasar a una representatividad mas social, mas de acuerdo a lo que estamos transitando como sociedad.
Un gobierno cuyo presidente es un fuerte admirador de Margaret Tacher, aquella que encabezó la Task Force y mandó a los “gurkas” contras nuestros pibes y que sostiene que los “kelpers” deben decidir su futuro, siendo que el mismo es Argentino.
Los jugadores de la selección salieron de ese capullo deportivo para hacer declaraciones referentes al reclamo popular, de los que no llegan a fin de mes, de los que cobran miserias, dejaron de ser jugadores de fulvo para ser personas que juegan al fulvo. –
Y de golpe aparece una sábana que dice “Las Malvinas son Argentinas”, escritas con aerosol y en color negro, la cual es sostenida por varios de los jugadores argentinos y a pesar de la explícita imposición del gobierno argentino y de la FIFA de exponer pancartas políticas.
Por si fuera poco esa sábana la vio el mundo, con millones de televidentes asistiendo a un reclamo permanente sobre las Malvinas a pesar de la derrota de la guerra.
Acto seguido varios de ellos y hasta el mismísimo Messi, hablando de una realidad económica que golpea a diario a nuestro pueblo
Fueron instantes de rebelión contra un gobierno liberal y entregador, de un grupo de muchachos que parecían adormecidos acerca de lo que estaba pasando en su país y donde ellos mismos tienen su origen en aquellos clubs de barrio apuntalados por el tremendo esfuerzo físico – económico de sus padres y familiares cercanos.
Necesitábamos algo, alguna señal de rebelión para que nos juntemos en reclamos sociales más amalgamados y esa señal bajo de la mano de la mano del deporte popular por excelencia, el “fulvo”.
Héctor Raúl Di Carli (el Bomba)
Perteneciente al Grupo Belgrano y CPNP (U. Básica Cipolletti en Defensa del Gobierno Nacional y Popular)
