El cálculo de actualización responde al índice de inflación de marzo informado por el Indec, que fue de 3,4%. Sin embargo, el mecanismo de movilidad genera un desfase, ya que se aplica con dos meses de atraso. Esto implica que los aumentos llegan tarde frente a una inflación que no logra desacelerarse. De hecho, el texto señala que “el dato de inflación lleva ya 10 meses sin reducirse”, lo que impacta directamente en los ingresos previsionales.
Uno de los puntos más críticos es el congelamiento del bono de $70.000, vigente desde marzo de 2024. Esto provoca que el incremento real para quienes cobran la mínima sea menor al anunciado. En mayo, el aumento efectivo será de apenas 2,85%, por debajo del índice de movilidad.
En términos interanuales, los haberes sin bono crecerán un 32,6%, mientras que quienes dependen del refuerzo verán una suba de solo 26,4%. Esto implica una caída del poder de compra estimada entre 5% y 6%. Si el bono se hubiera actualizado al ritmo de la movilidad, alcanzaría más de $200.000 y el ingreso mínimo sería cercano a $600.000, un 29% superior al actual.
El impacto también alcanza a otras prestaciones. La Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) llegará a $314.539 sin bono, y la Asignación Universal por Hijo (AUH) subirá a $141.285, con el habitual esquema de cobro del 80% mensual. En paralelo, se ajustan aportes y topes salariales del sistema, lo que completa un escenario donde los ingresos se actualizan, pero continúan perdiendo frente a la inflación.
Fuente: La Nación
