Por Héctor Raúl Di Carli (El Bomba)
Este oxímoron tal cual lo expresa el título de la nota, tiene mucha validez en cómo se gestó, ya que el peronismo, no capta como propio un infortunio y desdicha tan grande como el presente, porque en esencia el “Indio” Solari, peronista sin igual, pero por sobre todo, era una leyenda viviente.
No es necesario decir que su figura atravesaba generaciones enteras, en donde confluían familias con todos sus integrantes, desde abuelos hasta nietos, aunque con diferencias de toda índole entre sí, políticas entre ellas.
Nuevamente millares de personas en las calles cuando un ídolo popular emprende un viaje hacia el Comando Celestial y allí está la diferencia sustancial que nos diferencia con los “otros”.
Nosotros lloramos, idolatramos y festejamos a nuestros ídolos nacionales y ni hablar como en este caso si son “peronchos”, llenamos las calles y expresamos sentimientos colectivos, lo individual no está en nuestro ADN.
Cuadras y cuadras para despedirlos, en un sumiso orden y respeto, donde lo común era el llanto por la partida del ídolo ricotero y acto seguido el grito de rebeldía donde la verborragia por los aconteceres en que este gobierno trató el tema, fueron el común denominador.
Se escucharon mil voces desde los más pequeños a las abuelas/os, pero una mujer, de una trentenia de años, tuvo una definición, dentro del la tristeza infinita que trasuntaba, que me descolocó por lo contundente de la definición.
Vengo a despedir al “Dios de los Rotos”, porque eso representaba el Indio para todos aquellos que se pueden ejemplificar en reuniones en una esquina de cualquier barrio de cualquier ciudad, donde una birra, un mate, un tetra brik de un tinto terroso y por qué no un “porrito”, circulaba entre esa barra de muchachos/as que tarareaban JiJiJi y No lo Soñé, encumbrados ambos como el “pogo” más grande del mundo.
Allí en una comunión barrial convivían pensadores de la vida, malandras, artistas de lo que fuere, algún pibe que se pasaba de “chupi o falopa”, otro indocumentado, muy posiblemente alguien que ni siquiera sabía leer o escribir, un profesional del estudio, un ganador, un perdedor, todos con un credo común, eran “ricoteros”
Y lo eran porque el “Indio” los guiaba desde unas frases que para muchos, sobre todos los liberales eran “chino básico”, por si fuera poco detestan las masas populares, no las entienden, no las quieren y en ese preciso momento se convierten en “odiadores seriales” de la vida ajena.
Pero para el resto, que sí las entendían desde la simpleza de su lógica y que en determinados momentos, sobre todo muy difíciles y oscuros como son los que muchos atraviesan por esas cosas de la vida, el Indio les hizo ver la “luz al final del túnel”, les dio esperanza, le facilitó un porqué para seguir adelante, les hizo levantar los brazos, los transformó de vencidos en vencedores.
Y es por esto que se gestó una peregrinación con un millón de personas y de más de alrededor de 20 cuadras en forma permanente, a esa última misa, en donde todos llevaban algo, desde su tristeza, expresada en llantos y ojos llorosos, camisetas, gorros, vinchas, hasta los “trapos” y banderas que se identificaban tanto su pertenencia como su lugar de origen.
Marchaban despojados de la violencia, el rencor y el odio que tienen los “otros”, pero marchaban con la mochila cargada de amor por su ídolo que nos deja físicamente, pero a su vez lo inmortaliza y nos llena de canciones que serán eternas en los barrios, en las tribunas de fútbol, en las mañanas de mates de cualquier
hogar argentino, en los viajes, en las juntadas en una plaza, en una esquina de barrio, en un baile, en una peña, en la radio de un auto o donde sea.
Muchas gracias por todo, Patricio Rey, al ritmo de tus canciones, crecimos, nos enamoramos, nos juntamos, nos reprodujimos, formamos familias y seguramente tendremos un final como el tuyo, pero siempre habrá un hijo, un nieto que seguirá eternizando tus canciones.
Héctor Raúl Di Carli (El Bomba)
Integrante del Grupo Belgrano
