El coeficiente de Gini es uno de los indicadores más utilizados para medir cómo se distribuyen los recursos dentro de una sociedad. Su escala va de 0 a 1: cuanto más cerca de cero se encuentra, mayor es la igualdad; mientras que un valor próximo a uno refleja una concentración más elevada.
Otra manera de observar la desigualdad es dividir a la población en deciles, es decir, diez grupos de igual tamaño ordenados desde quienes menos reciben hasta quienes concentran mayores recursos. Durante el segundo trimestre, el 10% situado en la parte superior percibió 13 veces más que el 10% ubicado en el escalón inferior.
Entre las 18,8 millones de personas que declararon alguna entrada de dinero, el promedio individual fue de $1.094.136 mensuales. Sin embargo, existen grandes diferencias: los cuatro deciles inferiores promediaron $382.621, mientras que los dos superiores alcanzaron $2.641.394.
El ingreso per cápita familiar, que surge de dividir todos los recursos de un hogar por la cantidad de integrantes, fue de $688.496. La mediana quedó en $500.000: esto significa que la mitad de la población estuvo por debajo de ese nivel y la otra mitad, por encima.
También hubo una marcada diferencia según la formalidad laboral. Los asalariados con descuento jubilatorio cobraron en promedio $1.433.794, frente a los $706.204 de quienes trabajaron sin registración.
La brecha entre hombres y mujeres también persistió. En la ocupación principal, los varones recibieron en promedio $1.280.538 y las mujeres $943.439, una diferencia del 26,3%.
Finalmente, el 78,1% de los recursos de los hogares provino del trabajo. Sin embargo, entre el 10% más vulnerable, jubilaciones, pensiones, subsidios y otras fuentes no laborales representaron el 67,3% del total, mostrando su mayor peso entre los sectores de menores recursos.
Fuente: DIB
