La novela escrita, (publicada en 1862) describe una historia de lucha, justicia social y la compasión en la Francia del siglo XIX.
Jean Valjean es un hombre condenado a 19 años de trabajos forzados por robar una barra de pan para su familia hambrienta. Al salir llega a ser alcalde.
Pero un inspector de policía lo persigue, asegurando que un criminal nunca puede cambiar.
Mientras esto sucede, un grupo de jóvenes se levanta en armas y lucha.
Los Miserables de Víctor Hugo se trata de eso. Pero los miserables de Milei son otra cosa.
Una movilera se acerca a una mujer, de andar lento y rostro cansado. Efectivamente es jubilada y tuvo que salir a trabajar porque «la plata no alcanza».
La primera pregunta que la periodista le hace es sobre algo bueno hecho por Milei, a lo que la mujer sin dudar responde: «Nos aumentó la jubilación». La joven cronista, con mucha paciencia, le explica que esto no es así y que las jubilaciones están congeladas hace meses. La mujer se queda pensando.
En ese momento uno esperaba la reflexión, necesaria, de alguien que justamente porque la jubilación es insuficiente y comer sale cada día más caro; tuvo que salir a buscar otro trabajo siendo jubilada. Pero no.
Tras inflar el pecho lanzó la frase que los identifica a los miserables de Milei, a los que peor están y pretenden una Argentina así para el resto: «Y bueno, si a los jubilados no les alcanza que salgan a trabajar como yo». Y se fue del móvil pensando que había dicho algo que la convertiría en heroína.
El triunfo de Milei no está basado en los acomodados de siempre, en los ricos bendecidos por las políticas económicas de los libertarios… para nada.
Su victoria es haber conseguido que quién no tiene derechos, desee con todo su ser que el resto no lo tenga. Y si lo tienen, que lo pierdan.
No tardaremos en escuchar que «si mis hijos no van a la universidad, que no vaya nadie» o «Yo no cobro aguinaldo, así que no me importa». El deseo del mal constante para con el otro. La rotura total de la cadena de solidaridad.
Si yo no lo tengo, que no lo tenga nadie. Y como ya me di cuenta que Milei tampoco me lo dará, entonces que nadie lo tenga nunca. Así piensan sus miserables. Mientras tienen tres o más trabajos, cargan una mochila en bicicleta o salen a trabajar siendo jubilados.
Pensar que cuando Víctor Hugo escribió si obra maestra, lo hizo con la idea de dejar un legado cultural a las futuras generaciones para no repetir errores.
El siglo 21 nos encuentra rodeados de fachos y desclasados que además son miserables. Los de arriba con sus privilegios y riquezas acumuladas de décadas de políticas de explotación y abuso; y los de abajo que han elegido la crueldad para soñar -como único objetivo de vida- con el mal ajeno para satisfacer su miserable vida.
Es triste, pero es lo que nos toca vivir. Estemos atentos, porque esta gente no tiene nada que perder. Nosotros si. Y mucho.
Quique Gómez Lepez
Periodista
Analista Político
Profesor de Historia y Ciencias Sociales
