El cambio de eje que dio la revolución fue la modificación de un paradigma que parecía no tener fin: la ausencia de la movilidad social y la aceptación popular de las casas dominantes privilegiadas.
En la Francia del Antiguo Régimen vivían unos 38 millones de personas, de las cuales 36 millones eran campesinos analfabetos.
Por eso la revolución no fue proletaria, sino burguesa. Los iluministas ideólogos de la ilustración liberaron la movida.
Primero no hubo armas, sino alfabetización, razón y libros. Comunicación, antropocentrismo y mucha ciencia.
Pero por sobre todas las cosas hubo conciencia de clase. Algo de lo que el marxismo luego analizaría tras los procesos industrializadores.
El fin de un monarca absoluto, la participación del pueblo en las decisiones y el cuestionamiento de una aristocracia privilegiadas.
Los ricos vivían cómodos, tenían tierras, convencían a los pobres que era su destino divino, comían bien y sostenían una estratificación social sin peligro alguno. Una pirámide que parecía no correr peligro.
El clero siempre jugó para el poder. La nobleza francesa hacía de las suyas sin problemas a la vista.
Por eso los iluministas nacidos en barrios de poder adquisitivo medio, alfabetizados, dieron los primeros pasos para cuestionar el status quo. El contrato social de Rousseau era claro: si quién gobierna no cumple, debe ser cambiado.
Mostesquiu y Voltaire acuñaron la idea de la división de poderes y pensaron en una nueva forma que luego se conocería como República.
Haití fue el primer territorio de América en identificar el proceso. Y no fue casual, porque hasta entonces era colonia francesa.
Las ideas de libertad, igualdad y fraternidad; dieron nacimiento a todos los movimientos revolucionarios de América que durante principios del 1800 se levantaron contra el colonialismo español.
Belgrano, Moreno, San Martín, Juana Arzuduy, Remedios del Valle, Martín Miguel de Güemes… todos imitaron el proceso francés.
Ya lo decís Mariano Moreno luego del 25 de mayo de 1810: hay que eliminar la tiranía y no cambiar de tirano. La tenía clara el luego asesinado por Saavedra aunque esto nunca podrá ser demostrado.
Somos lo que hicieron de nosotros, afirma Jean Paul Sartre. Y la revolucion francesa de 1789 hizo de nosotros, los americanos, pueblos combativos y anti imperialistas.
Cualquier otra posición política es cipayismo. Antes, ahora y siempre.
Quique Gómez Lepez
Profesor de Historia
Periodista
Analista político
