El 40 por ciento de los jóvenes de 20 años estaba desnutrido, algo que se comprobó cuando fueron convocados al servicio militar obligatorio que pretendía confrontar las ideas socialistas y anarquistas.
No existían leyes laborales, por lo tanto empleadores en la ciudad y patrones de estancia (en el ámbito rural), definían horas de trabajo, condiciones y salarios.
El caso más curioso es el de la empresa La Forestal, de capitales británicos, que le pagaban a sus trabajadores con vales que solo podían gastar en comercios de la propia Forestal.
Ante las huelgas obreras por la ola de despidos, lograron legalizar el trabajo infantil y el de las mujeres. En ambos casos el objetivo era reemplazar a los hombres pagando salarios aún menores.
Esa Argentina funcionaba con un modelo agroexportador sin capacidad industrial. La dependencia con Gran Bretaña era total: nos compraban carne y materia prima.
Esa ausencia de industrialización también impedía la curación de puestos de trabajo en nuestro país, ya que en Europa es donde la materia prima era transformada en manufactura.
Por lo tanto el beneficio económico estaba concentrado en no más de 500 familias, las mismas que se beneficiaron con la conquista del desierto y el asesinato de miles de pobladores originarios. Más la venta de mujeres, niños y niñas como esclavos (algo que difundian en los diarios de la época).
Ese país que aparecía como uno de los más ricos del país, por su ingreso per cápita, solo era una enorme fachada.
Una oligarquía terrateniente rica, concentradora de la riqueza y propietaria del 70 por ciento de las tierras cultivables. No más de 500 familias.
Es importante recordar que para entonces, producto de las olas inmigratorias, Argentina contaba con una población estimada en 8 millones de personas; de las cuáles solo unas 12 mil disfrutaban de las mieles del modelo agroexportador.
La clase obrera no contaba con legislación laboral, pero tampoco con un genuino ingreso a la educación.
Si bien fueron construidas escuelas primarias y secundarias, y se estableció la obligatoriedad de las mismas, con el nivel universitario no pasaba lo mismo. Seguía siendo una instancia arancelada solo de alcance para las familias más ricas del país.
El objetivo de la derecha conservadora era alfabetizar a la población, pero sin garantizar movilidad social educativa.
La Argentina rica para pocos, a esa Argentina nos propone volver Milei. Y la reciente reforma laboral que impulsa la precarización y la disminución de derechos es la primera muestra de esto.
Quique Gómez Lepez
Profesor de Historia
Periodista
Analista político
