“El sector industrial, la UIA, pide un puente. Un puente entre la economía que estamos dejando atrás y la economía competitiva que queremos construir”, dijo Rapallini en el evento en el que hizo un repaso de la situación actual de la industria nacional.
El titular de la entidad afirmó que la producción se ubica un 10 por ciento abajo del 2022 y con caídas más profundas en otros sectores que llegan al 30 por ciento. Además, enfatizó en la pérdida de empleos registrados escala a 90 mil puestos.
El encuentro se realizó en la planta de Laboratorio Elea, en Los Polvorines, y contó con la presencia de más de 200 representantes de todos los sectores industriales que conforman la entidad, autoridades nacionales y locales, y referentes del ámbito productivo. Por parte del Poder Ejecutivo solo dio el presente Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Producción y Comercio.
Para Rapallini, “la economía no puede medirse solamente por la inflación” y sostuvo que construir ese puente hacia el crecimiento, “incluye reconstruir el crédito, acelerar la reducción del costo argentino, combatir la competencia desleal y el contrabando, garantizar el abastecimiento de la energía a precios competitivos en todo el territorio nacional, facilitar la baja de la morosidad, generar la infraestructura necesaria para exportar y consolidar la modernización laboral”.
“Un país puede tener capital, incluso recursos naturales y en consecuencia, riqueza acumulada, pero cuando pierde su capacidad de transformar, también pierde su capacidad de generar riqueza”, remarcó.
En otro tramo del discurso, el presidente de la UIA dijo: “Cuando abrimos la economía, proceso necesario para la integración, no ponemos al 100% de la economía argentina a competir con el mundo. Ponemos a competir principalmente al 25% que produce bienes y servicios transables, es decir, aquellos que pueden importarse o exportarse. Dentro de ese sector está gran parte de nuestra industria. Por eso la competitividad internacional es la condición concreta bajo la cual producimos”.
“La industria queda expuesta a precios internacionales, pero sigue pagando costos argentinos. Por ello, Rappallini propuso construir un puente que posibilite a todos los sectores la transición sin alterar el equilibrio fiscal. “La industria compite con el mundo”, remarcó Rappallini.
Y agregó: “Si es la industria la que enfrenta la exigencia de la apertura, también es la industria la que necesita las condiciones y las herramientas para atravesar la transformación”.
Rappallini también remarcó que la industria tiene que formar parte explícita del proyecto de desarrollo argentino porque, al transformar los recursos, genera y multiplica la riqueza en todo el país. En ese sentido, pidió dejar atrás las descalificaciones y las agresiones hacia quienes producen y arriesgan su capital.
“Debemos dejar atrás las descalificaciones y las agresiones hacia quienes producen. Podemos tener diferencias, incluso debatir qué políticas necesita la Argentina, pero el respeto tiene que ser parte fundamental de nuestra convivencia democrática”, dijo el líder fabril.
Los siete puntos que expuso la UIA para reclamar al gobierno
En ese sentido, el dirigente expuso una serie de puntos para reforzar su postura. Son siete en total:
–El primer eje es la actividad y el crédito. “La economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación”, planteó, y pidió instrumentos que sostengan la actividad sin comprometer el orden fiscal, con eje en la reconstrucción del crédito para capital de trabajo, inversión, vivienda y consumo.
–El segundo es el costo argentino. Allí la UIA propone un Pacto Fiscal Industrial Federal que comprometa a la Nación, las provincias y los municipios a reducir de manera gradual y coordinada la carga sobre la producción, como Ingresos Brutos, sellos, tasas municipales, el impuesto al cheque y la carga sobre la renta empresarial. Un informe que citó ubica a la Argentina al tope del ranking mundial de presión fiscal sobre el sector formal, con una carga del 56%.
Rappallini respaldó el RIGI y el Súper RIGI —“generan condiciones competitivas para que las grandes inversiones puedan desarrollarse”— y pidió extender ese principio al resto del entramado fabril. “No debe ser el Estado quien determine qué sectores tienen futuro en la Argentina y cuáles no”, agregó.
–El tercer punto es la competencia desleal. En algunos sectores, los productos que ingresan por circuitos irregulares ya representan entre el 30% y el 50% del mercado, sostuvo, y sumó la subfacturación, la informalidad y las diferencias en las exigencias de calidad entre importados y nacionales. “Esto lejos está de ser libre mercado”, dijo.
–El cuarto es la energía. Rappallini pidió que Vaca Muerta funcione también como plataforma para exportar producción industrial y no solo energía, y describió el impacto de las tarifas: muchas empresas, en particular pymes, recibieron facturas de gas y electricidad que se multiplicaron por tres y hasta por cinco. Lo atribuyó a la decisión oficial de trasladar a la industria el diferencial del costo de importación y reclamó un mecanismo de acompañamiento. “Seguimos aguardando una respuesta”, indicó.
–Los tres ejes restantes son la morosidad —con pedidos de reprogramación de deudas bancarias y fiscales, suspensión de embargos y devolución acelerada de saldos a favor—, la infraestructura y la modernización laboral. Sobre este último eje, valoró la nueva legislación como “un punto de partida” y puso el foco en la actualización de convenios colectivos y en la reducción de la litigiosidad.
Fuente: Noticias Argentinas y C5N
